Se ha
descubierto que el bebé llora para comer no porque sea su forma de comunicar
que tiene hambre, sino porque percibe dolor en su estomaguito. Al poner el
alimento en su boca y hacerlo llegar a su estómago el dolor cesa y el
bienestar vuelve.
El
dolor en el cuerpo es indicador de que algo está mal; puede ser desde un pequeño golpe o la
picadura de un animal, hasta la pérdida de un miembro, como en el caso de un
ataque de tiburón o la explosión de una granada.
Ignorar
el dolor no es sabio ni inteligente.
A
través del aprendizaje (cultura, religión, etc.) podemos guiar mal a nuestro
cuerpo o a nuestra alma, haciéndoles daño.
Debido a la ignorancia o al miedo tendemos a escoger las soluciones
fáciles: tomamos pastillas para el dolor
del cuerpo; escogemos la dureza de corazón para los dolores del alma.
El
dolor es parte de un diseño perfecto de Dios para alertarnos en cuanto a cosas
que necesitan ser atendidas.
En
la cultura latina se le enseña al hombre a reprimir su deseo de llorar, creando
inconscientemente la orden: “no debes
sentir dolor”. Esto lo empuja a ser duro
o insensible, o bien una persona incapaz de lidiar con sus sentimientos de
dolor (irritable, violento, iracundo, desesperado).
Como
lo vimos, el dolor es una alerta. Es
parte importante de una vida llena de verdad, en búsqueda de la plenitud y la
felicidad.
No
todos sabemos lo que es una cirugía, una quebradura o un accidente automovilístico,
pero todos sabemos lo que es un raspón, un majón, un golpe o una quemadura.
Debemos reaprender a percibir,
entender y tratar el dolor.
No
gritar, no llorar, no quejarse es una cosa, pero negar el dolor es otra muy
diferente. Podemos aprender a aguantar y
a ser fuertes, pero obviar el dolor es peligroso, negativo y destructivo.
La
magnitud del dolor define la gravedad de la situación.
Un
dolor leve tal vez no requiera de atención, y quizás sólo nos sirva para
aprender a ser más cuidadosos. Los
dolores fuertes deben ser atendidos. Lo
ideal es tratar de encontrar su fuente y atacar la raíz del problema; no sólo
mitigar el dolor.
Un
dolor muy fuerte puede provocar hasta la pérdida del conocimiento (desmayo),
para darle descanso al cerebro.
El
dolor atendido a tiempo puede evitar daños más serios (que los ya causados
hasta el momento de percibir el dolor) y hasta la muerte.
Necesitamos
aprender varias cosas:
1.
A ser realistas: no
exagerar ni tampoco minimizar.
2.
A ser diligentes: tomarnos el tiempo necesario para atender el
problema y no ir postergándolo.
3.
A adquirir conocimiento: El
conocimiento nos permite tratar cada circunstancia como debe ser tratada.
4.
A ser honestos y no engañarnos a nosotros mismos debido al miedo a
las reacciones de los que nos rodean (burla, juicio, castigo, …).
5.
A amarnos y respetar nuestro propio nivel de resistencia. Que a otro no le duela no significa que a mí
tampoco. Que a otro le duela no
significa que a ti también. Debemos
saber identificar la realidad y actuar de acuerdo a ella.
En el caso
del alma debemos aprender a amarnos y a amar.
Debemos ser
fuertes, valientes, veraces, ávidos, misericordiosos, diligentes, inteligentes, sabios, maduros, fieles.
Debemos
aprender a conocernos nosotros mismos y no debemos compararnos con nadie, pues
somos únicos, como nuestro ADN. Y así
debemos aprender a tratarnos, como seres individuales únicos, en crecimiento,
en búsqueda de la perfección, persiguiendo la plenitud, anhelando la madurez.
Debemos
darle un espacio a nuestros sentimientos y a nuestro corazón. No debemos regirnos únicamente por la
razón. A través de la razón aprendemos
principios, valores, reglas, leyes;
razonamos, relacionamos, pensamos, consideramos, … pero a través del
corazón nos conocemos a nosotros mismos.
Debemos
aprender a identificar claramente nuestro sentir y a encontrar su compatibilidad
con la verdad. No debemos desligarnos de
la conexión entre nuestro corazón y nuestro entorno, mas que para evitar dolor
destructivo e innecesario. Cuando el
dolor es el resultado de errores o malas decisiones propios, debemos arrepentirnos,
comprender en qué punto nos desviamos para no volver a hacerlo, y perdonarnos
a nosotros mismos. Pero debemos aprender
a encontrar soluciones, y a encontrar el mejor lugar para continuar el curso de
nuestras vidas, y colocarnos en él.
Debemos
deshacernos de dolores falsos, vacíos, engañosos, nacidos en mentes desenfrenadas,
en pensamientos preconcebidos, llenos de prejuicios, temores, amargura u odio,
que no encajan ni coinciden en nada con la verdad que nos rodea.
La fuente de
estos pensamientos sin fundamento debe ser encontrada y erradicada.
Para dolores
reales (sentimientos o susceptibilidades ofendidas, faltas cometidas contra
uno, pérdidas, agresiones, heridas) debemos aprender a comunicarnos; a buscar la paz y la
justicia; a perdonar. Y también debemos
aprender a evitar, y a tomar decisiones radicales que nos protejan de personas
insensibles, hirientes, inconscientes, violentas, etc.
El dolor es
nuestra luz de alerta: agresión, injusticia, insensibilidad, incomprensión.
Ante
personas o situaciones destructivas debemos ser fuertes y determinantes, y
buscar el distanciamiento total. Debemos atender la alerta de dolor e impedir
que llegue a un punto de “no retorno”, como el cáncer muy avanzado.
Debemos
encontrar soluciones prontas. El dolor no
nos permite continuar. El dolor nos
debilita, nos distrae, nos consume. Y
como ya lo dijimos, el dolor fuerte indica gravedad. Así de grave es ignorarlo, evadirlo, negarlo
o taparlo. De continuar, el daño será
irreparable.
El amor anula
el dolor.
Debemos
avocarnos a gente amorosa. Debemos
buscar refugio y consuelo en los brazos de Dios. Y tratar de rodear nuestro
cuerpo y nuestra alma de amor: verdad, justicia, soluciones, paz, descanso, buena
comida, comodidades, consentirnos con tratos gratos (paseos, aromas, música,
alegría, …).
Otra cosa
que debemos considerar es que habiendo sufrido podemos desarrollar una
tendencia a evitar el dolor y temerlo.
Todo lo que hemos mencionado anteriormente es bueno, sabio, verdad, pero
jamás debemos tener miedo al dolor. El
dolor es a veces algo necesario debido a las circunstancias, porque hemos
dejado cosas al tiempo o porque nos hemos desviado y salido del camino. Cuando el dolor es un puente para retomar el
camino de la vida y es parte de la medicina contra la enfermedad, debemos ser
valientes y soportarlo con entendimiento y conciencia de que nos traerá y dará
la felicidad que necesitamos y añoramos.
En otras circunstancias, el dolor debe ser tratado como ya lo hemos
descrito. En estas circunstancias el
dolor no debe ser rechazado sino bienvenido.
Debemos
perder el miedo a la verdad. Llorar es a
veces indispensable para la sanidad de una herida. Enfrentar la realidad es el primer paso para
la solución de un problema.
No reconocer,
no exteriorizar, no enfrentar, no perdonar, son cosas que nos exponen a
amargura, resentimiento, odio y otras consecuencias naturales de represión o evasión.
Debemos
buscar la libertad.
El orden de
la vida no debe ser cambiado. No puede
hacerse sin cosechar terribles consecuencias.
Abrámonos a
fluir en un orden perfecto y comprendamos el papel que juega el dolor en
nuestras vidas. Convirtámoslo en un
protector e impidamos que juegue un papel de destrucción. Atendámoslo, escuchémoslo, y hagamos lo
indicado para evitar daños mayores.
El dolor es
parte de la vida y del crecimiento. No
tengamos miedo de reconocerlo, sino de no hacerlo.
Personas en
circunstancias de sufrimiento pueden estar incapacitadas, por el dolor, para
resolver su situación. Ellas merecen la
oportunidad de recibir ayuda externa. Si
esta ayuda no es reconocida, agradecida y/o solicitada, debemos alejarnos tras
haberla concedido y recibir la señal: “no lo necesito”. Quedarse puede ser muy peligroso, y puede
significar mucho dolor y pérdidas irreparables para la persona que se acercó
con buenas intenciones, pero no fue bien recibida.
El dolor es
algo que marca una línea entre lo bueno y lo malo. Debemos ser muy cuidadosos de no pasar la línea. El dolor necesario debe ser aceptado, comprendido,
incluso infligido. El dolor innecesario
o destructivo debe ser evitado, tratado, y aquéllos que lo infligen deben ser
castigados. Lo más importante a entender
es:
1. Que no debemos infligirle dolor a nadie, a menos de que seamos padres que deben castigar justamente a sus hijos; o personas que deben poner límites en relaciones, aunque su establecimiento implique infligir dolor necesario.
2. Que nuestra responsabilidad somos nosotros mismos y aquéllos que están bajo nuestro cuidado.
1. Que no debemos infligirle dolor a nadie, a menos de que seamos padres que deben castigar justamente a sus hijos; o personas que deben poner límites en relaciones, aunque su establecimiento implique infligir dolor necesario.
2. Que nuestra responsabilidad somos nosotros mismos y aquéllos que están bajo nuestro cuidado.
Por lo
demás, todo lo que podemos hacer en la vida es amar, guiar, aconsejar, ofrecer
ayuda, pero no tenemos ninguna responsabilidad sobre las malas decisiones de
las personas y mucho menos sobre las consecuencias que deban cosechar debido a
ellas.
La vida es
una oportunidad, un privilegio, un reto, una aventura. Es vital comprender que los adultos maduros
tenemos una responsabilidad para con los demás seres humanos, y ésta es: el respeto.
Luego de amar, presentar una opción y dar oportunidad, debemos respetar
las malas decisiones de las personas, y tras esto sólo queda la misericordia, que
está sujeta a la capacidad real de cada persona.
Concluyamos, entonces, comprendiendo que cada persona tendrá que
afrontar individual y maduramente las consecuencias de toda mala decisión. Entender esto nos ayudará a no ser impulsivos
en la toma de nuestras decisiones, y esto contribuirá grandemente a aumentar
nuestras probabilidades de lograr gran felicidad en la vida.
"No es dificil tomar decisiones media vez has definido tus valores."
Seasons of the Heart
“El
dolor humilla al orgulloso. Ablanda al
necio. Derrite al duro.
Silenciosa e insistentemente gana batallas
en lo profundo del alma solitaria.”
Charles Swindoll (“Killing Giants, pulling Thorns”.)
"El tiempo perdido nunca es recuperado."
Benjamin Franklin
Ver: Blog: "Heridas"; "Identidad"; "Mi Retrato"; "El subestimado perdón"; "La Culpa"; "Felicidad"; "Pasado, Presente y Futuro".
*Debemos
diferenciar entre fuerza y dureza. La
dureza es ignorar (evadir, olvidar, obviar, no tratar, no enfrentar) el dolor y
volverse insensible para evitar la conciencia desagradable y dolorosa de la
presencia real del dolor. La fortaleza
es soportar (aceptar, tolerar) el dolor y tratarlo, continuando con el cumplimiento de la vida a pesar del dolor presente. La dureza no permite la misericordia ni la
comprensión de la sensibilidad de otros.
La fortaleza (fuerza) se extiende en responsabilidad, compasión y
fidelidad hacia los demás a pesar del dolor propio.
La
fortaleza es necesaria para enfrentar el dolor, buscar y encontrar soluciones,
perdonar y continuar. El tiempo
contribuye siempre a la sanidad de una herida, y es en ese trayecto que necesitamos
la fortaleza hasta lograr la sanidad total y tener sólo el recuerdo, que no
debe significar dolor, sino aprendizaje, victoria, madurez. El dolor siempre va a significar herida
abierta, herida no sanada. La cicatriz
no duele, solamente trae a memoria algo sucedido, y si Dios permite que éstas queden
es posiblemente porque no debemos olvidar.
La
dureza deja la herida abierta. Es como
un escudo duro y grueso que no permite que se vea la herida ni pueda llegarse a
ella, pero la realidad es que la herida está allí y sigue su curso natural de
putrefacción. Se desarrolla el
resentimiento, la amargura, el desprecio hacia los demás, el odio. El duro sigue su vida egoísta, pero queda
incapacitado para dar y recibir amor. El
amor puro y entrañable, incondicional, fuerte y tierno puede lograr penetrar
ese escudo y lograr la sanidad de la herida.
La
debilidad es una actitud de temor que imposibilita la solución del
problema. La fortaleza es una actitud
para la cual se requiere verdad, amor y determinación. De la debilidad a la fortaleza hay un solo
paso: decidirlo. Se trueca la debilidad por la inteligencia,
la verdad, la valentía y la alegría.
Todo logro significa felicidad.
Toda lucha no librada significa frustración, decepción, tristeza, derrota.
La
responsabilidad y decisión son nuestras.
Lamentarnos o inculpar a otros no va a resolver lo que debió de haber
sido resuelto antes por nosotros mismos.
¡Tomemos la decisión correcta a tiempo!
Recomendación:
Canciones:
Bonnie Tyler: "It´s a Heartache"
Kenny Rogers: "You decorated my Life"
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Air Supply: "All out of love"
Zach Williams: "No longer slaves"
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Marty J. Nystrom: "A broken spirit"
Nat King Cole: "Monalisa"
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Nat King Cole: "Why should I cry over you?"
L. Miguel: "Inolvidable"
P. Bryson: "If ever you´re in my arms again"
Twila Paris: "Do I trust you Lord?"
Céline Dion: "Where does my heart beat now"
Lo mejor de mí
El
odio me golpeó,
tratando
de provocar amargura;
pero
tu amor me consoló
y
produjo en mí dulzura.
Del
amor no había presencia;
dudas
e incertidumbre ante su ausencia.
Pero
tu constante amor produjo en mí fortaleza, a través de la paciencia.
A
toda prisa
se
agolpaba sobre mi el dolor;
pero
hizo surgir la risa
tu
obstinado amor.
El
sufrimiento trajo tristeza,
pero
tu amor rescató de allí la belleza.
Aspereza
e irritabilidad
amenazaban
con quedarse,
pero
gracias a tu paciente benignidad
la
ternura logró entronarse.
La
violencia y la indiferencia
la
sonrisa intentaban apagar,
pero
tu fe en mí
no
me permitió naufragar.
La
noche anunciaba soledad;
desesperanza
en la oscuridad,
pero
con la luz del día
tu
fiel amor trajo la alegría.
Injusticia
e insensibilidad;
egoismo
y maldad.
Terminó
con la discordia
tu
bondadosa misericordia.
La
fría tormenta en la noche oscura
el
mar con fuerza hizo agitar,
pero
en lugar de sucumbir a la amargura
la
vida verdadera logré encontrar.
Porque
pusiste fe en mí
Y
sacaste lo mejor de mí.
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Panfleto en inglés, para descargar gratis:
"How to manage and reduce stress?"
https://www.mentalhealth.org.uk/publications/how-manage-and-reduce-stress
"How to manage and reduce stress?"
https://www.mentalhealth.org.uk/publications/how-manage-and-reduce-stress
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